martes, 15 de marzo de 2011

La realidad.

Cuando somos niños soñamos con cosas pequeñas, sencillas. Un helado de fresa, una muñeca que llora y hace pis, o esa bicicleta que tiene el vecino del cuarto. Cuando nos hacemos mayores nuestros sueños cambian con nosotros. Y se vuelven complejos, igual que nosotros. Y de repente, la muñeca de trapo se convierte en un vestido nuevo; con el que cruzar un océano a diez mil metros de altura para deslumbrar a tu marido no le haga sorpresa. Pero los sueños se rompen en pedazos cuando se topan de frente con la realidad, porque la realidad a menudo es radicalmente distinta a lo que uno cree que es. Las personas no son siempre lo que aparentan ser, ni las relaciones, ni mucho menos nosotros. Y esas realidades son las que se encargan de poner a cada uno en su sitio.
Lo que uno cree que es negro, es blanco. Lo que uno cree que es blanco, probablemente sea de todos los colores del arco iris.


Uno sabe como empiezan las cosas, pero nunca saben como van a terminar.

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