sábado, 29 de enero de 2011

¿Juegas?

Noventa y nueve...Y cien, te busco.Espero que hayas cambiado de escondite esta vez.
No quieres que te encuentre, no quieres... esta vez no estás ahí.
Más lejos, quizá hayas cruzado algún océano o te hayas camuflado entre las nubes.
Busco nubes con la silueta de tu cuerpo: problemático y secreto, con destinataria incorrecta.

La familia.

El vínculo que te une a tu verdadera familia no es el de la sangre, es el del respeto y la alegría que tú sientes por las vidas de ellos, y ellos por la tuya. Muy raramente los miembros de una familia crecen bajo el mismo techo.

Me gusta...


Me gusta sentir el viento contra mi cara, ese olor a gasolina cuando pasas por una gasolinera o simplemente el olor del tubo de escape, también ver el cielo con ese azul tan vivo, que el sol queme mi piel, coger la arena de la playa con la mano y que se escape entre mis dedos, ese olor peculiar de la playa que se te queda al volver a casa, la locura desenfranada, el no parar ni un momento...
(algo raro, lo sé).

choose

Odiarte... quererte.. odiarte... quererte... odiarte... quererte... odiarte... no se qué pensar... lo único que se es que me has hecho daño.

El miedo.


El miedo es como la familia, que todo el mundo tiene una. Pero aunque se parezca, los miedos son tan personales y tan diferentes como pueden serlo todas las familias del mundo. Hay miedos tan simples como desnudarse ante un extraño. Miedos con los que uno aprende a ir conviviendo. Hay miedos hechos de inseguridades. Miedo a quedarnos atrás. Miedo a no ser lo que soñamos, a no dar la talla. Miedo a que nadie entienda lo que queremos ser. Hay miedos que nos va dejando la consciencia el miedo a ser culpables a lo que les pasa a los demás. Y también el miedo a lo que no queremos sentir, a lo que no queremos mirar, a lo desconocido. Como el miedo a la muerte, a que alguien a quien queremos desaparezca.
La felicidad es la ausencia del miedo.

Gracias por cada granito de arena que me das.



Y vuelves a atrapar mi tristeza para esconderla en tu bolsillo, para alejarla de mí. De nuevo has sembrado el jardín de mis pesadillas con nuevos sueños, con otras esperanzas. Y yo sigo llena de amor por todo aquello que te pertenece, llena de celos por todo lo que te roza y me quita un trocito de ti. Y tú sigues aquí, entregándome la vida en cada suspiro, suplicando por mis besos sin saber que ni siquiera tienes que pedirlos. Porque son tuyos, porque yo ya no soy mía, sino tuya.